Una vez más

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-¿Qué es lo que quieres? –Se suelta la pregunta diariamente.

Tomo el impulso y planto los pies -desnudos en ocasiones- que con frecuencia el frió parece anhelar devorarlos. La última vez llegué a pensar que lo habia conseguido, cuando ni siquiera he terminado de formularme el despertar.

Consigo la posición erguida, de la que todos comentan como amenaza a la bóveda del lecho de los sueños. Sigo con la atención clavada en los tres baldosines que separan mis raíces. Ese atroz piso de casa vieja, que envuelve olores directo de mis recuerdos. Que lo único que logra es evidenciar el paso del tiempo. Por mucho que lo intento cada vez que recorro el lugar, es perderme entre las hojas de libros pasados. Imágenes de la gloria interior de un siglo en el que un baldosín en ajedrez permitía que hasta el más minúsculo espacio que podía pagar el sueldo de un albañil, se tornara amplio y codicioso. Capaz de albergar media docena de gatos más. Yo prefiero anotarlo infinitamente torpe. No me confunde lo suficiente, no distrae mi tiempo a la consideración del ascenso a mi cúspide.

No hubo de recibir los ruegos de las rodillas, para dirigir un enfoque absoluto a ellas. La posición de las rodillas; estaban tensas. Completamente rígidas bajo la tela porosa. Quizás me dé un poco más de altura –deslumbró este pensamiento como un feliz engaño-. Me dará más tiempo para quemar. Tiempo maldito que deseaba madurar mi atención. Picaba un poco sobre los muslos. Vinieron a mí, varias formas de proceder ante aquel atentando contra mi atrofiada epidermis por voluntario aislamiento del sol; cada una tan cruel con la prenda como su anterior. Al final, parece que la existencia apelo a mi condescendencia. Considere posar la mano suavemente sobre el lugar y presionar hasta llegar asfixiar al causante de la incomodidad; pero en la medida que el tiempo pasó no parecía que nada opusiera resistencia a que le diese muerte y en mi cabeza brillo la ilusión. Es esta otra de mis tetras pero no me confunde lo suficiente, no distrae mi tiempo a la consideración del ascenso a mi cúspide.

Se agotan las ramas en las que encontrar un lugar de reposo y permanencia. La sangre comenzó a correr con afán y el estomago contesto en el recorrido, avisando que el tiempo de debida ingesta estaba próximo. Abrace con las manos el lugar y proclame un suspiro que invocaba la calma, pero el gesto no fue suficiente y pude sentir nuevamente la queja. Trate de recordar alguna canción de cuna, de esas que parecen adormecer a las bestias cuando llega la noche y no quieren aplacar su inquietud del mundo. –Cualquiera-. Me suplique con aire devastado; pero no hubo respuesta benévola. No me confunde lo suficiente, no distrae mi tiempo a la consideración del ascenso a mi cúspide.

Los recursos se acaban. Mi cuerpo parece un pozo seco en opciones para doblegar mi voluntad. Siempre olvido que cuando hablamos de voluntad, mi ser es una sombra en crepúsculo.

No había otra manera en la que poder acabar con esto, más que terminar. Suspire.
Volví a suspirar. Alce la cabeza tan erguida como pude. Le sume a mi voluntad para no comprarle más al tiempo.

-¿Qué es lo que quieres?- La pregunta lleno la habitación.
-Quiero poder ver -Dije finalmente. Una vez más.

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